Ayer fue un domingo amargo, no solo para el Saprissismo, sino para Costa Rica en general, ayer no existían colores. Costa Rica perdió a un gladiador, a un guerrero que luchó contra viento y marea. Gabriel fue un ejemplo de entrega, coraje, liderazgo y fuerza. Un caballero dentro y fuera de la cancha, un líder nato.
Me acuerdo como todo el país estuvo con él hace poco más de 3 años cuando tuvo que someterse a la operación a corazón abierto. Durante esos días estaba en nuestros pensamientos, oraciones y buenos deseos. Él se ganó el respeto y el apoyo de la gente, como pocas figuras públicas lo logran. No hizo falta conocerlo bien para saber que fue no solo un excelente jugador, sino un excelente ser humano. Fue suficiente un encuentro breve y anécdotas suyas para saber que Gabriel va a ser extrañado.
Hoy el mundo sigue girando, aunque le falta una sonrisa. Hoy seguimos corriendo nosotros la carrera llamada vida que Gabriel terminó ayer ¡Qué frágil es la vida humana! ¿Cómo saber cuál será nuestro último paso, nuestro último respiro? Ayer fue Gabriel, hoy puedo ser yo o puede ser usted.
Alguien dijo que Gabriel vivía el día a día al máximo. Él ya sabía que su vida era frágil, ya había experimentado lo que es estar entre la vida y la muerte. A él hace tres años le dieron una segunda oportunidad, una que espero haya sabido aprovechar. No esperemos a que tengan que ponernos en una situación similar para que aprendamos a apreciar cada minuto.
Nuestros días están contados, no sabemos cuándo llegará nuestro momento de partir, pero que bueno sería que todos tuviéramos la certeza de que estamos listos. Qué bueno sería que todos, como ayer, viviéramos a la luz de la realidad de la brevedad de nuestra vida. Qué lindo sería que honráramos la memoria de Gabriel más allá del ámbito futbolístico, corriendo cada kilómetro como si fuera el último, agradeciendo a Dios cada paso, cada respiro, cada latido.
Gracias, Capi, por tantas alegrías futbolísticas que le dio a este país. Gracias por ese liderazgo y profesionalismo con el que marcó a muchos. Gracias por esa sonrisa y por cada momento que luchó por seguir adelante. Gracias por darlo todo y más. Lo vamos a extrañar.
¡No se vaaa, no se vaaa, Capi no se vaaaa!





















